Creo que mi hijo tiene dislexia ¿Qué tengo que hacer?

Son muchísimos los casos de padres preocupados, sospechando que su hijo tiene dislexia o algún tipo de dificultad en el colegio, preguntándose qué es lo que tienen que hacer.

Percibir que tu hijo no rinde en clase a pesar de esforzarse mucho, o que empieza a rechazar actividades relacionadas con la lectura porque no consigue resultados por mucho empeño que le ponga puede hacernos sospechar que nuestro peque tiene dislexia, más aún si uno de los padres ya la ha tenido (aunque en muchísimos casos no haya sido diagnosticada por la falta de información, y simplemente fue tomado por un niño “que no valía para estudiar”).

Si nos encontramos ante una situación similar cabe preguntarnos ¿Qué debo hacer? ¿Cuáles son los pasos a seguir? Aquí os propongo una guía orientativa, pero lo más importante es que no ignoréis el problema ni penséis que se solucionará solo, ya que en muchas ocasiones no es así y solo conseguiremos frustrarnos y fomentar una baja autoestima en nuestro peque.

      1.      Estar informados.
EjerciciosDislexiaLa dislexia NO es una sentencia que va a condicionar tu vida al fracaso. NO significa que seas poco inteligente. NO quiere decir que no sirvas para estudiar y no puedas tener un buen trabajo. La dislexia implica una dificultad ESPECÍFICA para aprender a leer y escribir. Esa persona es perfectamente normal, pero que su capacidad para aprender a leer y escribir está por debajo de que lo que se esperaría por su inteligencia, la cual NO es inferior a la de sus compañeros que sí saben leer (de hecho muchas personas con dislexia son muy inteligentes).  Es decir, sólo le cuesta la lectura y la escritura. Sin embargo, también debemos ser conscientes de que muchas asignaturas basan su aprendizaje en libros de texto que requieren de su lectura para su aprendizaje (conocimiento del medio, lengua…), por lo que, si no se actúa, esta dificultad acabará afectando también en otras áreas.


      2.      Conocer las posibles señales de alerta.
Hay indicadores muy diversos, aunque también niños sin dislexia pueden presentar alguna de estas características, por lo que estas señales no deben tomarse como una confirmación absoluta. Las más relevantes y frecuentes son las siguientes:
-  Conocer el nombre de las letras.
- Conciencia fonológica: Ser capaz de reconocer cada sonido del que las palabras están formadas. Es necesario para ser capaces de transcribir cada letra a su sonido (lectura), y cada sonido a una letra (escritura). Presentar muchas omisiones (“atata” en lugar de “patata”), inversiones (“soaf” en lugar de “sofá”) o sustituciones (“tando” en lugar de “mando”) son algunos ejemplos. Es diferente si nos encontramos ante muchas faltas de ortografía (h, v/b, g/j…) ya que, aunque se representan con diferentes letras, su sonido es el mismo. En este enlace tenéis mucha más info sobre la conciencia fonológica.
- Memoria de trabajo: Es la capacidad de almacenar y manipular información en nuestra memoria. Para escribir una palabra debemos descomponerla en sílabas (ta-za), tomar la primera sílaba (ta), y descomponerla en los sonidos de sus letras (t-a), para recordar la forma en la que se escribía la primera (t), luego la segunda (a), luego pasar a la siguiente sílaba (za), etc.
- Velocidad de denominación: Velocidad con la que somos capaces de recuperar el nombre de objetos familiares de nuestra memoria a largo plazo. Se sabe que una baja velocidad de denominación se relaciona con la dislexia.

      3.      Consultarlo con profesores y equipo de orientación.
Ante estos casos es primordial hacer saber nuestras sospechas a los profesores del niño y contactar con el orientador o psicólogo del centro escolar. Ante el primer indicio. Esto nos ayudará a confirmar o no nuestras sospechas, así como a conseguir el apoyo y adaptaciones en caso de que sean necesarias. Si no tuviésemos la suerte de contar con esos profesionales o no se lograse una respuesta satisfactoria, se debería asistir a un Centro Psicopedagógico donde podrán comprobar si vuestro peque padece o no los síntomas característicos de la dislexia y podrán orientaros en su intervención.
Un diagnóstico preciso de dislexia no puede realizarse hasta al menos 2º o 4º de Educación Primaria, cuando el aprendizaje de la lectura y escritura comienza a ser más estable. Su diagnóstico se basará en la observación de una gran diferencia entre sus capacidades generales (las cuales deben encontrarse dentro de la normalidad) y su capacidad lectora.

      4.      Actuar se diagnostique o no.
Es posible que desde nuestra primera sospecha de dislexia hasta que se confirme el diagnóstico pase mucho tiempo. Por quitarle importancia a la situación, por valorar si es “tan serio” como para consultar a un profesional, y porque un diagnóstico preciso no se puede realizar hasta que el niño esté al menos en 2º de Primaria... Lo que no podemos hacer mientras tanto es “esperar a que madure y se le pase”, ya que son necesarias ayudas e intervención, y los mejores resultados se van a obtener a edades muy tempranas. Incluso aunque finalmente el pequeño no padezca dislexia, las ayudas proporcionadas habrán ayudado a mejorar su capacidad lectora a un ritmo más individualizado.

      5.      Buscar tratamiento y adaptación.
Tenemos que ser conscientes de que no hay un protocolo estandarizado de intervención que sea útil para todas y cada una de las personas con dislexia. El proceso a seguir siempre va a requerir una evaluación individualizada de cada niño para conocer con precisión cuáles son todas y cada una de sus dificultades respecto a la lectura y la escritura, en qué nivel se encuentra en cada habilidad, para, posteriormente, centrarnos en su tratamiento e intervención.
Mientras tanto, en el nivel escolar se requerirá una adaptación no significativa, lo que quiere decir que el niño tendrá los mismos objetivos y contenidos escolares que sus compañeros, pero su acceso a estos debe ser diferente. Para ello los profesores deberán estar informados sobre la dislexia y las adaptaciones escolares, algo que, desgraciadamente, no siempre ocurre.

      6.      Participar en el tratamiento desde casa.
Lo primero que tenemos que hacer como padres es normalizar la situación. Hacerle entender que él no es menos válido ni menos inteligente que el resto de sus compañeros. Hacerle entender que su dificultad afecta específicamente a la lectura, pero que trabajando con nosotros y con los profesionales que se encarguen de su intervención tendrá el mismo éxito que los demás. Será muy positivo, si el niño está de acuerdo, explicarle al resto de sus compañeros su situación para lograr su comprensión y ayuda, en lugar de que la dislexia sea fuente de burlas innecesarias.

Realizar diversos ejercicios o tareas en casa junto a nuestros peques siempre será de ayuda, pero teniendo en cuenta que es muy importante armarse de paciencia, y que fallar muchas veces solo es un camino un poco más largo hacia el éxito.


Belén Tomé Ayala  -  Psicóloga


10 consejos para fomentar el hábito de lectura en casa


¿Es difícil que tu hijo se ponga a leer él solo, sin que nadie le insista? Aquí te damos unos consejos que puedes poner en práctica desde casa para que a tu peque le apasione la lectura.

     1.  Empieza desde que es pequeño:
Acostumbra a tu peque desde el primer día a que la lectura es parte de vuestra vida diaria. A los bebés les encanta la voz tranquilizadora de alguien leyendo en voz alta. También puedes compartir tiempo con tu hijo leyéndole un cuento cada noche, creando una nueva rutina en la que poco a poco él irá participando más activamente, hasta que llegará un momento en que le surjan por sí mismo esas ganas de leer cada noche. Así conseguirás que la lectura sea parte de su vida desde el principio, haciendo que "se enganche" por las historias ocultas en los libros desde pequeño.

     2.  Asegurarte de que te vean leer:
Los niños aprenden muuuucho por observación. Si ven que sus padres, sus figuras de referencia más importantes, se comportan habitualmente de determinada manera, probablemente ellos acaben teniendo un comportamiento similar. Por ello, tendremos que tener cuidado con nuestras conductas negativas (como tratar de no resolver situaciones conflictivas o frustrantes perdiendo la paciencia y a gritos), pero también tratar de desarrollar conductas que queremos que nuestros peques imiten (ya sea leer libros, revistas, blogs…). Será difícil pretender “forzar” a nuestros hijos a leer (y aún más teniendo en cuenta el esfuerzo que les supone) si nosotros nunca leemos.


     3.  Regala libros:
Un regalo siempre representa algo que se desea, que crees que la otra persona va a valorar, se relaciona con algo positivo. Por ello, si a tus peques les regalas libros, lo relacionaran como una “recompensa”, en lugar de como un castigo. Muchas veces se utiliza una recompensa TRAS haber hecho el “esfuerzo” de leer, asociando así el hecho de leer con un trabajo costoso que no se debería hacer sin una motivación externa, como: “Si lees 15 minutos puedes salir a jugar”. Lo que tratamos de hacer aquí es lo contrario, es hacer que la propia lectura se convierta en una recompensa en sí misma, que sea emocionante recibir un libro y leer.

     4.  Escoge libros apropiados:
En cuanto a la dificultad de lectura, asegúrate de que es la apropiada escogiendo bien la sección de su nivel en la biblioteca o librería. Si el libro es demasiado largo para el niño acabará perdiendo el interés, al igual que si tiene demasiadas palabras desconocidas. También es importante que el libro sea apasionante para el niño, y de un tema que le interese, así no querrá parar de leer hasta que descubra qué es lo siguiente que pasará en la historia. Buscamos que “se enganche” a leer, que descubra lo reforzante que puede ser un libro, ya que si se descubre la pasión por la lectura desde peque, no se verá esta tarea como una obligación, sino como un hobby.
Una buena idea es buscar opiniones de libros entre conocidos o páginas web, para asegurarnos de que hacemos una buena elección.

     5.  Prepara un espacio de lectura:
Sera incluso mejor si lo preparas con él, para que comparta tu entusiasmo por este proyecto. No tiene que ser un espacio enorme, bastaría con una pequeña estantería al lado de una silla, o una mesita en la esquina del sofá o en su habitación. Hay que elegir un lugar con buena luz en el que podamos dejar sus libros favoritos o el que está leyendo en ese momento, para que el pequeño sepa que, cuando desee, tiene un sitio cómodo y acogedor para leer, con todos los libros a su alcance, fomentando, de nuevo, su sensación de que tiene capacidad de decisión.

     6.  Deja que elija qué quiere leer:
Que sea él quien tome la decisión de qué leer. Esto le dará más ganas de leer, ya que ha sido él quien ha querido hacerlo, se sentirá más autónomo y con capacidad de decisión. Así te asegurarás de que el tema que ha escogido le entusiasma y es el que le apetece en ese momento. En “su biblioteca de casa” podrá elegir cualquier libro en cualquier momento, ya que estarán siempre accesibles y adaptados a su nivel. 

     7.  Léele tú mismo:
Esto es suuuuuúper importante. Cuando son pequeños, y aun no saben leer, si nosotros les leemos comenzarán a descubrir la pasión y la emoción que puede desencadenar un libro, además de poder crear lazos más fuertes y compartir actividades placenteras con nuestro hijo. Una vez que comienzan a leer, al principio supone un esfuerzo grandísimo, tienen que estar más pendientes de tratar de descifrar ese lío de letras que de disfrutar (e incluso enterarse) de la historia. Lo mismo ocurre si nuestro peque tiene dislexia o dificultades específicas en la lecto-escritura, la lectura se convierte más en un sacrificio que una actividad placentera. Por ello, si nosotros les leemos podrán disfrutar de la historia, y poco a poco podremos ir delegando en ellos alguna tarea: Como leer la frase que diga algún personaje, luego que sean ellos los que se encarguen de algún párrafo, luego leyendo una página cada uno... ¡Siempre asegurándonos de que el niño está comprendiendo bien la historia!

     8.  Exagera en la lectura:
¡Entusiásmate! ¡Emociónate! En vez de leer con un tono monótono cada párrafo del cuento, cambia las voces poniendo una a cada personaje, ponle emoción al cuento enfatizando las preguntas, las exclamaciones, las aventuras, los problemas y sus soluciones… Representa incluso el sonido del coche en caso de que aparezca uno, de la vaca, del perro, ¡de lo que sea! Esto aumentará también el entusiasmo de tu peque por el cuento. 

     9.  Relee y vuelve a releer los libros favoritos:
Ese cuento que ya le has leído una vez y le encantó. Que le volviste a leer porque te lo pidió. Que le leíste una vez más y comenzó a ser él mismo quien hacía las voces de los personajes porque se lo está empezando a aprender de memoria. No importa. Leedlo juntos las veces que haga falta. Volved a leerlo. (Reprime tu aburrimiento si ya estás harto de leer el mismo cuento durante un mes). Esta repetición hace que tu peque deje de ser sólo quien escucha la historia que le lees, a que sea también quién participa, quien se sabe los diálogos y sus partes preferidas… De nuevo creando la emoción por la lectura.

     10.  Llévale a la biblioteca:
Servirá para que vea la biblioteca como un lugar conocido, al que puede ir cuando desee, y donde encontrar miles de aventuras. Es el sitio perfecto para ver, tocar, y elegir entre montones de opciones sin gastar nada. Que el dinero no sea un obstáculo para la lectura. Y lo mejor es que en muchas bibliotecas programan actividades en las que se leen cuentos para los niños que deseen ir, o se hacen actividades de representación teatral, donde, además, podría conocer a otros niños de su edad y seguir fomentando la pasión por la lectura.



Estas son algunas ideas para conseguir que a tu peque le guste leer y decida hacerlo sin tener que obligarle, disfrutando de ello en lugar de viéndolo como un castigo. ¿Se os ocurren más ideas para lograrlo? ¿Hacéis alguna otra cosa desde casa para conseguirlo? Me encantaría saber vuestras ideas, ¡y seguro que ayudan a más gente!


Belén Tomé - Psicóloga



Actividades para mejorar la conciencia fonológica y la lectura

Un factor que ha sido más que demostrado a lo largo de los últimos años de investigación sobre la dislexia es la relación que mantiene con la conciencia fonológica. De hecho se ha comprobado que un menor nivel de conciencia fonológica está relacionado con una peor ejecución en la lectura, y, por lo tanto, también con la dislexia.

Para quien aún no lo tenga muy claro, la conciencia fonológica es la capacidad que tenemos de reconocer y poder manipular las unidades de sonido por las que se componen las palabras. Esto incluye por ejemplo las sílabas, aunque la unidad de más relevancia a la hora de influir en la lectura es la capacidad de trabajar con los sonidos de las letras, llamados fonemas. Para quien quiera saber un poco más sobre esta relación, os dejo este enlace sobre la relación entre la habilidad lectora y la conciencia fonológica.

Estas conclusiones son importantes y esperanzadoras para quienes tienen dislexia, ya que supone que si se mejora uno de los factores relacionados con la habilidad lectora, en consecuencia, se mejorará también la propia lectura. Por esta razón muchos de los métodos para trabajar con peques con dislexia se centran en realizar ejercicios de conciencia fonológica. ¿Y qué podemos hacer nosotros? Aprovechar estos descubrimientos para tratar de ayudar también desde casa. Hay muchísimos ejercicios y juegos que podemos realizar con nuestros peques que se centran en mejorar la conciencia fonológica. Algunos ejemplos son juegos de toda la vida, añadir sonidos para transformar palabras, o encontrar los fonemas comunes entre dos palabras.

Cuando el niño con dislexia tiene gran dificultad de reconocer las unidades de sonido más pequeñas de las palabras no podremos empezar pretendiendo que analice los fonemas (sonidos de las letras), ya que es un proceso que requiere el reconocimiento previo de las sílabas. Es como pretender empezar la casa por el tejado. Por ello, tendremos que identificar las dificultades específicas que tiene el peque con el que queremos trabajar para adaptarnos a su nivel y partir desde ahí, avanzando a medida que va superando escalones. Si vemos que aún le cuesta identificar cuáles son las sílabas que forman una palabra, tendremos que empezar por ahí, para luego pasar a los fonemas que componen cada sílaba. ¿Qué es imprescindible para ser todo un experto en cualquier cosa? ¡La práctica! Así que manos a la obra:

Lo primero es preparar unas tarjetitas con dibujos. Si sois unos manitas podéis pintarlos vosotros mismos, pero si os pasa como a mí también podéis buscar los dibujos directamente de internet e imprimirlos para ahorraros ese trabajo. Es importante que pongáis una sola imagen por cada tarjetita, para que el niño se centre sólo en ella, y reduzcamos las distracciones. Siempre empezaremos con palabras sencillas (como uno, pato, perro, mano, mesa), que sean cortitas, no tengan muchas sílabas trabadas (br, tr, pl…), tengan letras que sabemos que el niño sabe identificar (si, por ejemplo, la “p” o la “t” le cuesta mucho la dejaremos para más adelante)… Ya sabéis, no nos podemos precipitar y vamos avanzando escalón por escalón, a su ritmo.

Pondremos todas las tarjetitas que queramos trabajar en esa sesión (teniendo en cuenta que no podemos pretender que el niño esté haciendo este ejercicio que le supone dificultad tooooda la tarde) encima de la mesa con el dibujo boca abajo, sin que el peque pueda ver el dibujo de cada una. Le diremos que escoja una de las tarjetas, la que él quiera, de esta manera le estaremos haciendo partícipe del juego, que vea que él también puede tomar decisiones. Supongamos que es un pato. Lo primero será nombrar el dibujo que hemos dado la vuelta (para asegurarnos de que el niño reconocer que la imagen es un pato).

Ahora viene cuando tendremos que adaptar el ejercicio a la capacidad del niño. Si al pequeño le cuesta mucho reconocer las sílabas de las palabras, el juego consistirá en identificar el número de sílabas o golpes de voz que tiene cada uno de los dibujos. Al principio, empezaremos nosotros dividiendo la palabra en sílabas y dando un golpecito con la mano en la mesa con cada sílaba, para que el niño reconozca qué es cada sílaba, cada golpe de voz, y le sea más fácil reconocerlos contando los golpes que vamos dando (y dando golpecitos también se divierten más). En nuestro ejemplo, comenzaremos dando un golpe en la mesa mientras decimos pa, y otro mientras decimos to (recordemos que la palabra era pato). Ahora le preguntamos ¿cuántos golpes hemos dado? En las siguientes palabras vamos dejando que él vaya asumiendo más tareas, desde nombrar la palabra dividirla en golpes de voz, y contarlas. Lo ideal sería que al final no necesitase ayudarse de los golpecitos en la mesa para reconocer las sílabas.

Si esta tarea ya sabe hacerla sin mucha dificultad, y le cuesta identificar los fonemas de las palabras, pasaremos a contar el número de letras que tiene cada dibujo, tarea que es mucho más difícil que la anterior, pero también mucho más relacionada con la habilidad lectora. Para ello, también pediremos al niño que escoja una tarjetita y nombre el dibujo. Lo siguiente que habrá que hacer será identificar el número de golpes de voz o sílabas, como hacíamos antes. Ahora, iremos sílaba por sílaba (para que las unidades de trabajo sean más pequeñas y le resulte más fácil) contando el número de letras que tiene cada una, para lo cual alargaremos muchísimo cada una al pronunciarla: Ppppaaaaaa (2 letras), tttttttoooooo (2 letras). El objetivo será que deje de ser necesario dividir cada palabra en sílabas previamente, y pueda identificar las letras directamente sin tener tampoco que alargar su pronunciación.

Espero que estas propuestas os sirvan para trabajar desde casa, y me encantaría saber qué tal os ha ido. Sobre todo… ¡mucha paciencia!

Belén Tomé – Psicóloga


¿Qué es la dislexia?

La dislexia se enmarca dentro de los un grupo de trastornos denominados “Dificultades de Aprendizaje” (DA). Dentro de esta agrupación podemos encontrar diferentes subtipos de  dificultades de aprendizaje, como pueden ser:
-       Problemas escolares: El alumno presenta dificultad para aprender por alguna causa externa a él, como falta de   motivación o problemas en el cole o en casa.
-       Discapacidad Intelectual Límite: Presentan dificultad para aprender en general.
-       Dificultades Específicas de Aprendizaje (DEA): En este subgrupo se enmarca la dislexia y la discalculia.

Quien tiene una Dificultad Específica de Aprendizaje no tiene problemas intelectuales, no se debe a un mal programa formativo, no es por falta de motivación o de esfuerzo... Tener DEA tampoco se debe a problemas físicos y psíquicos. Es decir, se tiene todo lo necesario para aprender algo, pero no lo aprende. Y es precisamente el último factor el que hace que quien intenta enseñar una determinada materia a alguien con dislexia o discalculia se frustre, porque es difícil de comprender, es difícil ponerse en su piel.


Lo más curioso de las Dificultades Específicas de Aprendizaje ya se pude entrever en su nombre: Son específicas. Es decir, a alguien con dislexia SÓLO le costará el aprendizaje de la lectura (al menos los primeros cursos, más adelante es posible que empañe el aprendizaje de otras asignaturas que basan su aprendizaje en la lectura), y alguien con discalculia presentará dificultad de aprender SÓLO los cálculos numéricos. Por eso nunca se debe confundir a alguien con dislexia o discalculia con alguien “vago”, ni mucho menos “tonto”. Consiste en una incapacidad funcional para recibir y procesar esa información específica.

Inicialmente la dislexia implica el problema principal de dificultad en el reconocimiento de letras, conversión grafema-fonema (de la letra escrita en su sonido), múltiples sustituciones de letras, omisiones, adiciones, inversiones, lentitud, tanto en la lectura como en la escritura. En los primeros años no se suele dar mucha importancia a sus dificultades porque el niño suele ir pasando de curso con su trabajo, y suelen pasar desapercibidos, ya que no llaman mucho la atención al sólo fallar en una materia entre tantas.

Al no solucionarse, se dificulta a largo plazo el aprendizaje de la comprensión de palabras, de textos y el aprendizaje de otras materias (como la imposibilidad de aprenderse un libro de texto de ciencias naturales si te lleva muchísimo tiempo y no entiendes nada de lo que lees, como podemos ver en este ejemplo).

Y lo más preocupante, se suele asociar a pérdida de motivación por los estudios y al abandono escolar, en muchas ocasiones por la falta de conocimiento sobre la dislexia en los coles, la falta de comprensión y de apoyo que reciben estos alumnos, que hace que se crean lo que otros les hacen creer, “que no valen para eso”. No hay más que ver el vídeo de este enlace: El poder de tus palabras en el rendimiento de niños con dislexia.

Por ello, nunca se puede acusar a alguien con dislexia de falta de esfuerzo, de falta de interés… En muchas ocasiones se esfuerzan más que otros niños, y aun así no consiguen lo mismo objetivos. Lo que deberíamos hacer es todo lo contrario, reforzar cada uno de sus esfuerzos, independientemente de si el resultado es acertado o no, para que siga esforzándose y con el tiempo, su lectura y escritura vaya mejorando.


Belén Tomé   -   Psicóloga


Juegos para mejorar la escritura en niños con dislexia

Al comenzar el aprendizaje de la lectura y la escritura es muy frecuente que se produzcan diversos errores. Hay muchos ejercicios que podemos realizar desde casa para tratar de solucionarlos y fomentar su aprendizaje. Realizar divertidos ejercicios con nuestros pequeños puede ser beneficioso tanto si sospechamos que pueden tener dislexia, así como simplemente para fomentar un aprendizaje efectivo. No es necesario que se confirme un diagnóstico de dislexia o dificultad de aprendizaje de la lecto-escritura para trabajar con nuestros peques.

Algo que debemos tener en cuenta es tratar de solucionar las dificultades que se presenten tan pronto como sea posible, para mantener el ritmo de aprendizaje acorde con el del resto de la clase. En caso de que las dificultades se presenten y no se solucionen o se trabajen, éstas no irán a mejor, sino que se irán acumulando. Inicialmente serán pocas la tareas de la lectura que se realizarán (como reconocimiento de letras, de su sonido, de sílabas…), pero poco a poco se irán aumentando las actividades a realizar (lectura de palabras, de textos, comprensión lectora…). Si no superamos las dificultades en las tareas básicas, tampoco desarrollaremos adecuadamente los siguientes requisitos, y cuanto más tardemos en trabajarlo más problemas a tratar encontraremos.

Lo primero que tenemos que hacer es identificar la dificultad concreta que tiene el niño, y adaptar el ejercicio a esa dificultad. Uno de los primeros problemas que encontramos cuando comienza el aprendizaje de la escritura es que omita alguna letra, confunda una letra con otra, o que invierta dos letras. Para ello, una divertida actividad que podemos hacer en casa con nuestro peque sería jugar a los detectives de letras, para lo cual emplearemos las letras que sabemos que al peque le cuestan más (como palabras con m y n si sabemos que las confunde). También es una dificultad muy frecuente que se unan o fragmenten palabras al escribir una frase, para lo cual podemos jugar a detectives de palabras.

Otra opción muy eficaz para que el niño adquiera la conciencia de dónde empieza y termina cada palabra consiste en preparar una serie de frases que escribiremos con todas las palabras unidas. La tarea del niño con dislexia, o que presente una dificultad específica en esta actividad, será separar cada palabra de la anterior con una rayita vertical. Es recomendable que inicialmente las oraciones que le propongamos al peque sean muy sencillitas, para que lo haga correctamente y se sienta competente en la tarea. Posteriormente iremos alargando las frases y poniendo palabras menos conocidas. También es muy importante que le felicitemos siempre que lo haga bien y que no perdamos la paciencia ni lo regañemos cuando falle. Tenemos que recordar que no es falta de interés ni falta de atención, sino que realmente presenta una dificultad específica que escapa a su control y le requiere más esfuerzo que a los demás. Tenemos que ponernos en sus zapatos para darles el mayor apoyo y comprensión.

Soyalto  -  Soy/alto
MellamoJuan  -  Me/llamo/Juan
Tengounperro  - Tengo/un/perro
Megustajugaraltenis  -  Me/gusta/jugar/al/tenis
Tengodoshermanosmayores  -  Tengo/dos/hermanos/mayores
Cuandosalgodeclasejuegoenelparque  -  Cuando/salgo/de/clase/juego/en/el/parque


Belén Tomé  -  Psicóloga

Por qué no quitar importancia a las dificultades de lectura

Hay mucho que podemos hacer para ayudar a quienes le cuesta especialmente leer y escribir correctamente, nos encontremos frente a un diagnóstico de dislexia o simplemente ante una dificultad transitoria y que irá desapareciendo con la práctica. La solución no es ignorar el problema.

En ambos casos (con dislexia o un aprendizaje de la lecto-escritura más lento) lo peor que podemos hacer es pensar que el problema “se solucionará solo”, ya que así solo conseguimos que se produzca lo conocido como “efecto bola de nieve”. Esto quiere decir que el problema, lejos de disminuir, irá creciendo poco a poco. Al comenzar con el aprendizaje de la lectura, puede que a los niños les cueste más alguno de los múltiples procesos que implica la lectura, como puede ser el reconocimiento del sonido de algunas letras, o cómo suena la combinación de una sílaba de dos letras, o de tres, o de sílabas trabadas, el acceso al significado de las palabras, etc.

Si nos fijamos, cada uno de los pasos depende de saber realizar correctamente el paso anterior. Por ejemplo, aprender a leer una sílaba con dos letras requiere saber cómo suena cada letra independientemente, para combinar sus dos sonidos y pronunciar una seguida de la otra (esto tan solo en las llamadas lenguas transparentes como el español, en las que a cada letra le corresponde siempre un solo sonido, frente a las lenguas opacas como el inglés). Vemos que para saber cómo suena la sílaba “ma”, debemos reconocer el sonido “mmm” y el sonido “aaa”, para luego pronunciarlos uno detrás de otro. Debemos ser capaces de leer una palabra para poder acceder a su significado. Debemos ser capaces de entender el significado de las palabras, para poder entender el significado de una frase…

EjerciciosDislexiaPor ello, si no trabajamos ese pequeño factor que inicialmente le cuesta al pequeño, lo único que conseguiremos será que se vayan acumulando las dificultades y retrasándose o empeorando el proceso de lectura: Ese efecto bola de nieve del que antes hablábamos. ¿Por qué? Porque el proceso de aprendizaje de la clase no se va a detener, va a seguir un ritmo continuo, avanzando en la enseñanza de las competencias que son necesarias para leer y escribir correctamente, aunque uno de los niños aún no haya aprendido o interiorizado correctamente el paso anterior. Esto sólo puede suponer que el siguiente paso no lo aprenderá junto al resto de sus compañeros debido a la dificultad que ya presentaba en el paso anterior. La implicación lógica de esta situación es que ya no sólo tendrá dificultad en la realización de ese primer paso que le costaba, sino también en el siguiente, que se basa en la correcta realización del anterior.

Este efecto de acumulación de dificultades puede llegar hasta cursos más avanzados en los que la lectura y la escritura se dan por sentados y son la base del aprendizaje de otras materias: Biología, geografía, química, física, literatura… Todas esas asignaturas que requieren que seamos capaces de leer eficientemente para aprender.

Algo fundamental en el aprendizaje de la lecto-escritura es adquirir una adecuada conciencia fonológica, y aquí tenéis algunas ideas para fomentarla, así como la posibilidad de mejorarla incluso con juegos como los de siempre. También será importante el desarrollo de la comprensión lectora, con ideas como esta.

En conclusión, podemos ver así lo fundamental que resulta no quitarle importancia a estas dificultades, aunque al principio no parezcan demasiado relevantes, y trabajar con ellas desde que se detectan para evitar que poco a poco sean cada vez mayores.


Belén Tomé – Psicóloga



Ejercicios para mejorar la dislexia

EjerciciosDislexiaSi la dislexia no es detectada, puede confundirse a esa persona con alguien vago, con falta de interés, que no trata de esforzarse en las tareas académicas… Por ello, no debemos recibir la noticia de padecer dislexia como un peso más que llevar sobre nuestra espalda, sino como una oportunidad que nos permite darnos cuenta del foco de los problemas para aprender a solucionarlos o compensarlos.

Para ello, hay muchísimos ejercicios que podemos hacer incluso desde casa, que ayudan a mejorar poco a poco nuestra lectura y escritura. Estos ejercicios se enfocan desde las dificultades más habituales que padece cada persona con dislexia, para tratar de ir eliminándolas poco a poco, hasta lograr una lecto-escritura óptima.

Por esta razón, gran parte de los ejercicios que han demostrado su eficacia tratan de mejorar la conciencia fonológica (el reconocimiento de que las palabras se descomponen en unidades más pequeñas: sílabas, letras, sonidos…) de quien tiene dislexia, ya que suele ser una de sus implicaciones más frecuente y se relaciona con una lectura y escritura más deficiente. Algunos de estos ejercicios consisten en encontrar los fonemas comunes entre dos palabras, otros en encontrar el fonema que falta en una palabra, o en añadir fonemas para crear nuevas palabras, por ejemplo.

Otro ejercicio que también se centra en mejorar la conciencia fonológica consiste en presentarle al niño dos palabras, entre las cuales tiene que elegir cuál es la correcta. Un ejemplo es darle una tarjeta que tenga escrito dos palabras: Calamar y Capamar. El niño tendrá que elegir, tras leer ambas tarjetas, y seleccionar la que está escrita apropiadamente (en este caso, redondeará la palabra “calamar”).

Se pueden proponer tantas parejas de palabras como se quieran. Yo os dejo aquí unos ejemplos con los que podéis practicar en casa:
Radiador – Rapiador
Zuco – Zumo
Estuche – Esluche
Tared – Pared
Mesa – Fesa
Pamel – Papel
 Celocotón – Melocotón
Bolígrafo – Botígrafo

Inicialmente es mejor no elegir palabras que nos hagan elegir entre sonidos que se escriben igual como b/v o g/j o la h, ya que tratamos de hacer entender al pequeño de que a cada sonido le corresponde una determinada letra.

Pero demás, modificando un poco este juego, podemos fomentar además la eficiencia lectora, es decir, la cantidad de palabras leídas o escritas correctamente por unidad de tiempo (en otras palabras, intentaremos que el niño sea capaz de leer y escribir mejor y más rápido). Para ello, escribiremos una frase en la que una de las palabras estará en blanco, como podéis ver en el ejemplo:

A María le gusta mucho comer…
Postadas          Tosladas          Tostadas           Tostado


El niño tendrá que leer la frase, la cual ya le dará una idea sobre el tipo de palabra que vendrá a continuación (en este caso, un sustantivo. Por ejemplo, un adjetivo como “tostado” se tendrá que descartar), y seleccionar la palabra que cree más adecuada (en este caso, “tostadas”).



Belén Tomé - Psicóloga